Fin del mundo es un canto de amor a Saltillo. Un canto muy divertido, pero poema de amor al fin.

 

Está hecho bajo el modelo clásico de Woody Allen; él presume su ciudad, New York, nosotros presumimnos a Saltillo, sus calles coloniales, sus parques y edificios. Él, además, utiliza música extraordinaria. A Woody Allen le gusta el jazz, toca el clarinete. Nosotros usamos música mexicana, la más bella del mundo.

 

Comenzamos con "presentimiento,", uno de los boleros más antiguos de México, del campechano Emilio Pachecho, con letra del poeta español don Pedro Mata. Aquí canta Magaby y tambièn doña Candelaria Trujillo. Luego vamos a escuchar al extraordinario Jorge Ortiz interpretando "Los dos," de don Simón Lan, regiomontano. Y la orquesta infantil de Saltillo interpreta "Bésame mucho" de Consuelito Velázquez, junto con la banda de música del estado. Y al final aparece una canción de Cornelio Reyna, nacido en el ejido de Notillas, en Saltillo, cantada por Iris Alejandra Ruiz Guerra.

 

El resto es una historia muy humana, que ocurre con mayor fercuencia de la que podríamos creer.

 

El génesis  de esta historia fue un twit de Lorena Meritano, en que agraddecía a Sergio Avilés haber escrito su libro "Me enamoré de una cucaracha." "Cuenta conmigo si alguna vez te decides a hacer cine," le dijo al saltillense.

 

Avilés recurrió al actor regiomontano Manuel Fernández, su amigo durante la carrera, "hablé con él para que me pasara los datos de una persona a quien le había hecho un retrato y cuyo físico me pareció apropiado para el sacerdote. Pero le conté la historia a Manuel y se entusiasmó. Cuando me dijo, "hazme casting," supe que él sería el sacerdote Francisco."

 

 

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