Galatea en Saltillo

Sergio E. Avilés

 

En diez días más, estaremos estrenando mi cortometraje “Galatea” en la Feria del Libro de Coahuila, en Arteaga.

 

¿De dónde nació?

 

En diciembre de 2012, instalaron en la Plaza de Armas de Saltillo una villa navideña, que fue el deleite de miles de familias visitantes con sus enormes regalos, figuras de la época como monos de nieve y renos, y un pino gigante en el centro, frente al palacio y a la sombra mañanera de la hermosa catedral. En febrero del año siguiente, cuando vino la tradicional “levantada” del niño y de los adornos, el operador de una grúa cometió un error e hizo que uno de los tubos de la estructura del pino se zafara, golpeando la escultura y rompiéndola en tres partes, la primera de la cuales cayó hasta el suelo haciéndose añicos.

 

Era una escultura de zinc, no muy valiosa sino por su edad y el simbolismo de que había sido un regalo de las colonias extranjeras, pero los saltillenses le teníamos cariño.

 

Hubo reclamos, pero el contratista de las obras respondió de inmediato prometiendo reparar el daño. Y acudió para ello a los mejores escultores de la ciudad — diría del mundo, pero no me iban a creer: dos Alejandros Fuentes, padre e hijo.

 

El proceso de reconstrucción no fue sencillo ni rápido. Hubo que hacer análisis cromatográficos de la aleación original, soldar las partes recuperables y fundir las que de plano no pudieron salvarse, además de restaurar completamente la tubería hidráulica que permite a la escultura circular el agua. La estatua tiene dos compañeras en su base, que también recibieron las mismas atenciones cosméticas aunque en su caso solo de manera preventiva, lo mismo que todo el conjunto arquitectónico de la enorme fuente.

 

Mientras esperábamos todos estos procesos, la plaza lucía vacía, como la del vendedor de Mocedades. Un día pasé por ahí con mi sobrinita y me preguntó que dónde estaba la “estuata.” Más que confesarle la verdad — me dio pena ajena — le dije que andaba paseando con su novio. De ahí pensé en el antiguo relato griego de Pigmalión, el escultor que hizo una escultura de una mujer tan hermosa, que pidió a los dioses que le dieran vida. Y trasladé el cuento a uno de los ejidos vecinos de General Cepeda, dándole el papel a un campesino tallador de ixtle porque es una actividad única de nuestro desierto cuya tradición estamos lentamente perdiendo. Y también de General Cepeda aproveché a uno de sus grandes compositores, don Juan Yeverino, cuya familia graciosamente me permitió usar una de sus bellas canciones, llamada “inspiración.”

 

 

Hubiera podido utilizar “Gema,” de Güicho Cisneros… “eres la gema que Dios convirtiera en mujer para bien de mi alma…” pero a ésta de don Juan le tengo gran aprecio. Junté a la pandilla encabezada por el actor coahuilense Jorge A. Jiménez y nos pusimos a trabajar. El día que anunciamos que haríamos la película el INAH anunció también, después de dos años, que la estatua estaba lista y que la regresarían ¡esa misma semana! Nosotros dependíamos de que no estuviera ahí.

 

Grabamos lunes y martes, y el jueves estaban las grúas de regreso con la ninfa en la plaza. Obtuvimos como resultado una simpática cinta de 17 minutos, llena del realismo que convierte en Coahuila y a México en provincia de lo mágico.

 

Estrenaremos el 29 de mayo en la Feria del Libro de Coahuila, a las 19:00 horas. Vendrá mi amigo y coahuilense honorario Guillermo Arriaga a hacer la presentación.

 

 

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